El más reciente informe del semáforo de economías regionales presentado por la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO) expone un panorama crítico para la producción del interior de Argentina: de 19 actividades monitoreadas, 9 se encuentran en nivel rojo (crisis), 5 en zona amarilla (alerta) y apenas 5 logran sostenerse en verde (estabilidad).
Estos números confirman que más de la mitad de las cadenas agroalimentarias federales operan en condiciones desfavorables, erosionando la sostenibilidad de las familias productoras y del tejido asociativo del país.
¿Qué es CONINAGRO y cuál es su rol en la agricultura argentina?
Para comprender la trascendencia de esta advertencia, es fundamental situar el peso de la entidad emisora del informe. CONINAGRO es la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada, una institución señera fundada en 1956 que agrupa y representa al cooperativismo agrario de todo el territorio nacional.
Junto con la Sociedad Rural Argentina (SRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO integra la emblemática Mesa de Enlace, el espacio de concertación e interlocución gremial más importante del sector agropecuario.
El rol estratégico de CONINAGRO se destaca en los siguientes pilares:
Integración y vertebración territorial: Contiene a más de un centenar de cooperativas de primer y segundo grado (federaciones) que nuclean a miles de pequeños y medianos productores en provincias como Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires.
Defensa federal de las economías regionales: A diferencia de las entidades orientadas predominantemente a los cultivos extensivos de la Pampa Húmeda, CONINAGRO posee un perfil fuertemente inclusivo que visibiliza las realidades de la citricultura, la yerba mate, la vitivinicultura, la lechería, el arroz, el tabaco, la horticultura y el sector forestal.
Fomento de la doctrina e integración cooperativa: Promueve la ayuda mutua y la asociación como herramientas indispensables para que los pequeños agricultores ganen escala, accedan a tecnología, añadan valor agregado en origen y defiendan el precio justo de su trabajo frente a los esquemas de mercado concentrados.
Las tres variables que asfixian al productor y el impacto del modelo económico. El informe del movimiento cooperativo pone el foco en cómo las decisiones y pautas del actual modelo económico impactan directamente sobre la viabilidad de las economías regionales.
La crisis que golpea a sectores representativos del Litoral y del país como los cítricos dulces, el arroz, la madera, la yerba mate, la lechería y el vino se explica mediante la combinación de tres variables determinantes:
1. Costos de producción desfasados
Los insumos operativos clave combustibles, energía eléctrica, fertilizantes, fitosanitarios, repuestos y logística sufren aumentos constantes que evolucionan muy por encima de la capacidad de pago del sector primario. Esta presión de costos, sumada al esquema impositivo y financiero, vuelve inasumible la estructura de gastos por hectárea o por unidad productiva.
2. Precios percibidos en tranquera deprimidos
El valor en efectivo que recibe el productor en la puerta de su establecimiento se encuentra marcadamente rezagado respecto de la inflación general y de los costos fijos acumulados.
Este descalce destruye el margen de rentabilidad, obligando a trabajar a pérdida y haciendo que la cosecha o la entrega de la producción no alcance para cubrir los costos de inicio del siguiente ciclo.
3. Obstáculos en la comercialización y contracción del mercado
La pérdida del poder adquisitivo en el mercado interno reduce la demanda doméstica, mientras que las dificultades de competitividad cambiaría, los altos fletes.