A días del primer aniversario de MiradorTEC, el gobernador Rogelio Frigerio presentó un balance con números que suenan prometedores: casi 2.000 puestos en la economía del conocimiento, exportaciones del sector un 10% arriba, 3.000 alumnos de primaria formados en inteligencia artificial y más de 10.000 docentes capacitados. También anunció Mirador Impulsa, una incubadora y aceleradora junto a la Bolsa de Comercio de Entre Ríos.

Como analista del desarrollo económico, no puedo celebrar esos datos sin hacer una pregunta previa: ¿quién captura el valor que genera la inversión pública? Porque el MiradorTEC no es un emprendimiento privado: es un edificio público de más de 8.000 m², financiado con recursos de todos los entrerrianos. Y cuando el Estado pone infraestructura, formación, subsidios y capacidad institucional, está creando un activo social. Si las patentes, los algoritmos, las plataformas de recursos humanos, los datos y los modelos de negocio que allí se incuban quedan en manos privadas sin contraprestación, el resultado es conocido: socializamos los costos y privatizamos las ganancias.

No se trata de acusar ilegalidad alguna. Se trata de advertir una inconsistencia conceptual: un polo tecnológico financiado públicamente no puede funcionar como una usina de beneficios privados sin retorno social. La innovación no es neutra. Sin reglas redistributivas, tiende a concentrar oportunidades en quienes ya tienen capital, contactos y formación. Y eso es exactamente lo contrario a la igualdad de oportunidades que necesita una provincia con profundas asimetrías territoriales.

Mirador Impulsa puede ser una buena noticia si se diseña con gobernanza multiactor y condiciones sociales. Pero si la incubadora y aceleradora se gestiona con la lógica del mercado financiero, sin contrapesos de universidades, cooperativas, PyMEs, sindicatos, jóvenes y productores, el riesgo es que termine beneficiando al sector ya instalado. La Bolsa de Comercio es un actor legítimo, pero no puede ser el único árbitro de hacia dónde va la innovación entrerriana.

Defiendo otra lógica: que la tecnología sea del territorio y desde el territorio hacia afuera. Que las nuevas tech sean instrumento de mejora productiva y económica, pero con dimensión social. Igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, productores, industria y jóvenes emprendedores. No solo para los que ya están en el circuito.

¿Cómo se hace? Con reglas claras desde el primer día:

· Propiedad intelectual compartida o pública cuando haya fondos públicos, con licencias sociales.
· Contraprestaciones obligatorias: reinversión local, empleo joven, transferencia a proveedores locales, precios sociales.
· Gobernanza con mayoría pública y representación de universidades, cooperativas, PyMEs, trabajadores y jóvenes.
· Fondos públicos de riesgo que retornen al sistema provincial de educación y ciencia.
· Datos y algoritmos como bienes comunes, con auditoría y transparencia.
· Cupos, mentorías y financiamiento para sectores subrepresentados.
· Publicación de contratos, montos, propiedad intelectual y métricas de distribución.

No se trata de oponerse a la innovación. Se trata de que la innovación no sea un nuevo mecanismo de concentración. Si el Gobierno de Entre Ríos pone los recursos, la sociedad debe ser socia de los resultados. MiradorTEC puede ser una oportunidad histórica. Pero si se limita a un edificio moderno con viejas desigualdades, habremos perdido otra chance de hacer desarrollo con justicia social.

Por Darío Gilberto – Tec.Sup. en Coop. y Mutualismo.

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