Cada vez que una innovación irrumpe en el mercado bajo laúnica lógica de maximizar el beneficio privado, la amenaza del desempleo y la precarización parece inevitable. Sin embargo, esta constante histórica no es un accidente técnico, sino la manifestación de un conflicto de propiedad: la tecnología no destruye empleo por sí misma, sino por la forma en que se decide su implementación.
Frente a las respuestas defensivas habituales, el COOPERATIVISMO se revela no como una ideología nostálgica, sino como un mecanismo institucional probado durante casi dos siglos para que los trabajadores decidan el ritmo, la dirección y el reparto del progreso técnico. El hito fundacional de este modelo fue la creación de la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale en 1844. Los tejedores ingleses no se enfrentaron a los telares mecánicos; se enfrentaron al monopolio de su uso por parte de los propietarios. Su gran aportación fue la formulación de principios prácticos de control democrático, reparto proporcional de excedentes y la creación obligatoriade un fondo educativo.
Hoy, ese principio se traduce en destinar estatutariamente entre un 10% y un 15% de los excedentes netos a la capacitación y alfabetización digital de los socios, garantizando que la evolución técnica no deje a nadie atrás. El COOPERATIVISMO no es un modelo rígido, sino una gobernanza que se adapta a cada salto tecnológico. En la era de las tecnologías emergentes (NOVATECH), esta lógica se concreta en las cooperativas de plataforma, donde los datos respaldan su superioridad distributiva: Distribución justa del valor: Mientras las multinacionales de la gig economy imponen comisiones de entre el 25% y el 35%, la federación CoopCycle (que agrupa a 85 cooperativas de repartidores) solo retiene entre un 5% y un 10% para el mantenimiento del software.
Retorno al creador: En el sector de contenidos digitales, la cooperativa Stocksy devuelve entre el 50% y el 75% delos ingresos directamente a los fotógrafos propietarios, en contraste con el escaso 15% a 30% que abonan los bancos de imágenes corporativos. Desafío al monopolio: Experiencias como Union Taxi en Denver o la plataforma de comercioelectrónico Hepyerinden en Turquía demuestran que es posible competir con gigantes algoritmos en mano, fijando condiciones laborales dignas y repartiendo los beneficios democráticamente. El problema del desempleo tecnológico es, por tanto, de diseño institucional. Una implementación en régimen de propiedad concentrada sustituye mano de obra para recortar costos; en régimen cooperativo, la tecnología complementa el trabajo, permitiendo reducir jornadas o recalificar puestos sin despidos masivos.
Esto se refleja también en la equidad interna: en las grandes corporaciones tecnológicas tradicionales, la brecha salarial entre un ejecutivo y un trabajador de base supera con frecuencia el ratio de 1:300. En ecosistemas cooperativos de alto componente de I+D, como el Grupo Mondragón, esa distancia se mantiene acotada entre 1:3 y 1:6. Los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) confirman que las cooperativas presentan una tasa de supervivencia un 50% superior a las empresas mercantiles tras cinco años de actividad, reduciendo la destrucción neta de empleo entre un 20% y un 30%durante períodos de reconversión.
Con más de 280 millones de personas integradas en este modelo a nivel mundial —casi el 10% de la población ocupada—, queda claro que la propiedad colectiva no es un experimento de nicho. El COOPERATIVISMO no frena el progreso; exige que la tecnología sirva a quienes trabajan con ella. La pregunta central para la próxima década no es si la inteligencia artificial destruirá puestos de trabajo, sino si los trabajadores participarán en su diseño y propiedad. Los Pioneros de Rochdale no pidieron menos máquinas: pidieron ser sus dueños. Hoy, ante los algoritmos y la automatización, el camino sigue siendo exactamente el mismo.
GILBERTO DARIO – TEC. SUPERIOR EN COOP. Y MUTUALISMO