En un escenario económico complejo marcado por la necesidad de los hogares de estirar los ingresos para llegar a fin de mes, el mercado de trabajo argentino profundiza un proceso de precarización estructural. Según reveló un reciente informe de C-P Consultora, abandonar un empleo asalariado formal genera caídas sustanciales en la capacidad de compra, con un costo que trepa hasta el 27,8% del salario real al transicionar hacia ciertas formas de informalidad.

El relevamiento, elaborado a partir del seguimiento de trabajadores de entre 18 y 65 años mediante la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) entre 2023 y 2025, expone que el crecimiento del empleo en negro y del cuentapropismo no es más que el reflejo de una recomposición hacia abajo de la estructura ocupacional.

Esta dinámica se alimenta de una urgencia cotidiana: la necesidad de que más integrantes de un mismo hogar salgan a buscar ingresos adicionales para afrontar el costo de vida.

El impacto en los bolsillos: el mapa de las caídas

Los datos del estudio detallan con precisión quirúrgica cuánto se resigna al perder la estabilidad laboral. El golpe más severo lo sufren aquellos trabajadores que, tras dejar su empleo formal, terminan recalando en el cuentapropismo, registrando un retroceso promedio del 27,8% en sus ingresos reales.

Por su parte, quienes migran de un puesto registrado a un empleo asalariado no registrado (en negro) sufren un recorte del 13,9% en su poder adquisitivo. Incluso, el informe señala que trasladarse desde el sector privado registrado hacia el sector público representa un descenso promedio del 5,4% en la remuneración.

En la vereda de enfrente, el informe rescata a los asalariados del sector privado que lograron conservar su puesto registrado durante el período analizado: ellos experimentaron una leve mejora promedio del 2% en sus ingresos reales.

La otra cara: el poder de la formalización

Si perder la estabilidad es un duro golpe, recuperarla funciona como el motor más potente de repunte económico para las familias. El estudio demuestra que acceder a un puesto formal es la vía más efectiva para recomponer los ingresos.

Los datos hablan por sí solos:

  • De cuentapropista a privado formal: Aquellos trabajadores por cuenta propia que lograron conseguir un empleo privado registrado al cabo de un año aumentaron sus ingresos reales un 34,3%.

  • De la informalidad a la formalidad: La transición desde un empleo asalariado no registrado hacia el sector privado formal implicó una suba del 31,6% en la remuneración real.

Una precariedad aún más profunda

A pesar de los incentivos que representa la formalidad, la tendencia general muestra luces de alerta. Pablo Moldovan, analista de C-P Consultora, advirtió sobre el trasfondo de este fenómeno: «Lo que está creciendo es una forma de trabajo que es aún más precaria que la del asalariado informal».

El especialista puntualizó que se trata de ocupaciones altamente vulnerables que se caracterizan por la total ausencia de elementos básicos de seguridad laboral: un salario fijo, un jefe, un lugar físico de trabajo y cobertura de obra social.

A nivel general, el mercado laboral nacional atraviesa un momento crítico donde la desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre, mientras que el empleo no registrado abarca de forma alarmante al 45% de los trabajadores, un pulso que repercute de manera directa en las economías regionales y en las familias de todo el país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *