Detrás de los musicales y las grandes puestas en escena de la academia de danzas Pavlovha hay meses de trabajo, vestuarios confeccionados en familia y una apuesta por el arte que va mucho más allá del baile. Su directora, Andreina Cartagena, contó en diálogo con Despertar Entrerriano como sueña con que las obras puedan permanecer en cartelera y que chicos de distintas escuelas accedan al teatro, en una ciudad donde el valor cultural de estas propuestas merece mayor reconocimiento.

 

 

Hay espectáculos que terminan cuando se apagan las luces y otros que siguen vivos en la memoria mucho después de que cae el telón: “Para mí, la magia es ese instante donde habitás muchas emociones. Es sumergir al espectador en esa montaña rusa de emociones, para salir de la vida real y transportarlo a un mundo de fantasías”, explicó.

 

Su pasión tiene raíces en los años 90, cuando Disney, los musicales y los programas de televisión que combinaban canto, baile y actuación formaban parte del universo infantil. Referentes como Cris Morena, Flavia Palmiero y Xuxa marcaron una época que hoy, de alguna manera, busca recuperar en el escenario.

 

Pero detrás de esa ilusión hay algo más profundo: la convicción de que el arte y la cultura son espacios fundamentales para la infancia, especialmente en tiempos en los que las pantallas ocupan buena parte de la vida cotidiana.

 

Mucho más que bailar: el arte como refugio y espacio para crear

Para Andreina, acercar a los chicos al teatro no significa solamente ofrecerles un espectáculo, sino abrirles una puerta a la imaginación, la creatividad y nuevas posibilidades: “En una generación donde las pantallas los atrapan y la inteligencia artificial les resuelve, el arte los invita a crear, a cuestionarse formas”, reflexionó.

 

Desde esa mirada, considera que acceder a producciones escénicas de calidad puede dejar una huella en los niños. “El teatro es ese espacio donde la vida real, la vida adulta se detiene, y solo nos sentamos permitiéndonos recibir, sorprendernos, soñar y, por qué no, creer que pueden estar luego sobre ese escenario”.

 

Además de lo que sucede frente al público, la directora destaca que el arte abre un abanico de posibilidades laborales. Actuar, bailar y cantar son solo algunas de las tareas que forman parte de una producción: también se necesitan personas que trabajen en fotografía, escenografía, pintura, iluminación, sonido y edición musical: “Es un mundo gigante para desarrollar habilidades realmente extraordinarias”, sostuvo.

 

El sueño de que más chicos puedan vivir la experiencia del teatro

Entre las obras que Pavlovha llevó a escena, algunas son adaptaciones propias de historias ya existentes, mientras que otras nacieron íntegramente del equipo. En 2019 presentaron Dolce Mania, ambientada en un mundo de golosinas. También crearon un musical de Navidad que estrenaron el año pasado y que continúa este año, con una historia original y canciones compuestas especialmente para la obra.

 

Ese trabajo creativo alimenta un sueño que Andreina comparte con las docentes que integran el equipo: conseguir que una de sus producciones permanezca en cartelera durante varias funciones y que puedan asistir niños de diferentes escuelas de Concordia, especialmente aquellos que no suelen tener la oportunidad de acercarse a este tipo de espectáculos.

 

La idea no surgió de un día para otro. La directora contó que viene conversando con referentes de la ciudad para explorar alternativas y que incluso mantuvo una reunión virtual con integrantes de la Fundación Odeón para analizar posibilidades: “Yo sueño con que una de nuestras obras permanezca en cartelera del teatro por más de una función, y que niños de diferentes escuelas puedan ser espectadores y tener esa visita al teatro, regalarles la magia”, expresó.

 

Para ella, la propuesta también sería una experiencia transformadora para las propias bailarinas, que podrían ver hasta dónde pueden llegar con lo que aprenden y crean. El desafío, reconoce, es grande, en un contexto en el que los costos ponen límites a proyectos que requieren meses de dedicación. Sin embargo, Andreina insiste en que el valor de estas producciones no debería medirse únicamente por la cantidad de entradas vendidas o por el resultado económico.

 

Fuente: Despertar Entrerriano

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